Autor
¿Quién pudo concebir los horrores descritos en Necrópolis, el padre Isidro, o el potente sociópata Reza? Solamente alguien tan cotidiano como Carlos podría. Observador nato de segundo plano, Carlos lleva espiando la realidad 39 años para plasmarla ahora en papel.

Carlos no duerme. Es como esos Vigilantes de los cómic: de día, trabaja ocho y diez horas en sus tareas como Diseñador Jefe en la empresa de diseño y soluciones de internet que lleva con su socio y amigo Luis, y de noche se pone el antifaz y se dedica a dar rienda suelta a su imaginación, recreando mundos que concibe en su imaginación y transmutándolos en palabras

Es una papeleta. Si hay algo que a Carlos no se le bien, es hablar de sí mismo. Su humildad se lo impide. Así que su mujer me ha pedido que le saque del apuro escribiendo unas breves líneas. No parece difícil porque la realidad es que Carlos es un hombre sencillo, casero y disfrutón de la vida. Empezó a escribir cuando tenía doce años, motivado por los libros de Stephen King. Algo había en esos libros que le llevaron a producir ingentes cantidades de cuentos cortos con los que nos torturaba prácticamente a todas horas. Con el tiempo, la tortura fue a menos, porque Carlos mejoraba con cada producción, y he de confesar que con el tiempo se acabó convirtiendo en algo incluso buscado. Cada historia era como pequeños viajes mentales.

Pero de alguna forma, Carlos fue seducido por el lado oscuro de la informática y acabó desarrollando aplicaciones de gestión y programas multimedia para revistas del sector. Enamorado de los videojuegos desde la época del Spectrum, Carlos supo combinar su talento como narrador y la programación para fundar una pequeña empresa de venta de software por correo que dio en llamar Wazertown Works. Esas aventuras fueron bastante populares, y creo recordar que incluso tuvo un par de ofertas para trabajar en alguna compañía española de desarrollo de software.

Bastantes años más tarde, Carlos retomaba su vieja pasión. El viejo sueño de ser escritor y vivir en una cabaña de madera junto a un lago. Su casa no es de madera, sino de ladrillo, y no vive al lado de un lago, sino de un río. Con poco caudal, pero río. Pero eso sí, escribir escribe y lo hace francamente bien. Su saga de Los Caminantes ha redefinido el género, y sus fans se cuentan por miles. Ha conseguido vender libros en una cantidad nada desdeñable para los tiempos de crisis que nos ha tocado vivir, con la sola promoción del boca a boca.

Carlos está casado con una mujer maravillosa y tiene dos niñas pequeñas (inteligentísimas) que llenan su casa de princesas rosas. Carlos dice (y lo dice muy serio) que escribe novelas de terror para compensar. Por mí que no quede. Una vez que se engancha uno a su estilo particular, ya no se puede parar.

Antonio F. Martín
Amigo Personal